Cómo leer el paisaje
Diseñar con el paisaje: una mirada en armonía con el entorno
Cuando creamos nuevos espacios ajardinados, es fundamental observar y comprender el entorno en profundidad. Cada lugar posee una identidad propia, determinada por su geografía, clima y suelos, elementos que debemos integrar en el diseño para lograr espacios sostenibles y en sintonía con la naturaleza.
Aprovechando las características naturales, desde la flora existente hasta la topografía del terreno, podemos minimizar intervenciones artificiales y fomentar jardines más resilientes, donde la vegetación colabore en la protección del suelo y optimización de los recursos hídricos.
El objetivo es que cada intervención parezca parte inherente del paisaje, generando espacios que evolucionen con el tiempo, respeten su historia y enriquezcan nuestras experiencias en contacto con la naturaleza.
Cuando nos planteamos ajardinar y crear nuevos espacios que den respuesta a nuestras necesidades y anhelos es necesario observar atentamente el lugar en el que nos encontramos y comprender en profundidad su base. Esa mirada nos ayuda a apreciar mejor el valor de cada entorno y a diseñar y preservar los paisajes, aprovechando aquello que ya nos ofrece para dar una mejor respuesta. Nos centraremos en este caso en entornos naturales o seminaturales.
Hay que atender a la geografía y al clima, comprendiendo que la tipología de suelo y las formaciones geológicas que allí nos encontremos van a afectar y deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar espacios y en el plantado. Los suelos se erosionan con el tiempo, a través de la climatología y de formas diversas en función de los materiales de los que se encuentran conformados. La vegetación puede ayudarnos a evitar esta erosión, protegiendo los suelos.
Igualmente si tenemos un talud, o una zona rocosa puede aprovecharse para establecer un lugar de recogimiento y generar así diferentes alturas, texturas y espacios, que provoquen diferentes experiencias en nuestro jardín.
Si miramos ese espacio con detenimiento y detalle podemos también atender a la flora nativa y alóctona, que será relevante a la hora de buscar nuevas plantas, dando así un aspecto más natural y orgánico a nuestro jardín, y aprovechando los recursos hídricos al máximo; ya que no será lo mismo plantar en una tierra arcillosa, que retiene la humedad pero puede secarse en exceso, que hacerlo en un suelo alto en arena y limos , más húmedo y fértil. Las plantas alóctonas, si cuentan con el espacio adecuado, pueden desarrollarse y extenderse en nuestro jardín aprovechándonos así de este recurso para ajardinar grandes extensiones, de una forma más amable y ecológica, ya que ellas ya se encuentran adaptadas a este espacio.
Todas estas intervenciones que realizamos, buscamos que sean lo menos artificiales posibles, dando la sensación de que todo aquello que elaboremos parezca que forma parte natural de dicho lugar. De este modo evitamos dejar una huella excesiva y facilitamos el mantenimiento del espacio, permitiendo que siga desarrollándose en el tiempo para crear espacios frondosos, que generen experiencias diferentes y vivencias emocionantes pero adaptándonos al paisaje original, como si todo aquello perteneciese a ese lugar de forma natural y llevase años desarrollándose.
Buscamos, finalmente, crear paisajes que sean testigos silenciosos del tiempo, respetando su pasado y aprovechándolo en el presente para transformarlos en espacios renovados, respetuosos y amables que puedan seguir creciendo y desarrollándose en el futuro, provocando asombro y permitiéndonos su disfrute.